jueves, 10 de mayo de 2018



  Capitulo.-5
  La caza de los Gamusinos.

  Ya anochecido, una de las gatas del servicio doméstico, abrió la puerta del garaje donde Don Patrocinio guarda su coche y al momento salió en este, acompañado de la gata veinteañera con la cual, desde aproximadamente las doce de la mañana, se retiró a sus aposentos con el fin de tomarle las medidas adecuadamente para fabricarle unas botas artesanales, el proceso que emplea desde el principio hasta el final, es totalmente manual, incluido está en él la toma de medidas, la cual, como uno de los mejores artesanos en su especialidad la realiza en jemes, con el fin de no desvirtuar el proceso .
  Al llegar a nuestra altura ha detenido su coche, ha bajado el cristal de la ventanilla y nos ha dicho que se marchaba un mínimo de una semana a la costa con la gata veinteañera, pues el problema de que las últimas botas que le fabriqué le rozaran un mínimo casi imperceptible, era debido a que a última hora de la tarde las patas se le inflamaban un poco y que pensaba que, caminando descalza durante unos días por la arena de la playa, esa pequeñísima inflamación se le corregiría definitivamente. Esto ya me ha ocurrido con unas cuantas de mis clientas y es la mejor solución que para este problemilla de tan poca importancia he encontrado, así les evito que tengan que acudir a curanderos o chamanes especialistas en este tipo de inflamación. En cuanto al examen del expediente podéis continuar sin mí, pues es un asunto de vital importancia y que hay que resolver de la forma más rápida posible, pues puede darse el caso que con una semana caminando por la arena de la playa no termine de curarse del todo y necesite unos días más para que la cura sea definitiva.
  Sin más, aceleró de tal forma su potente vehículo que dejó tras de él una polvareda impresionante y en un momento desapareció por la entrada principal de “El Encinar”.
  Una vez que la polvareda se asentó y el ambiente quedó despejado de polvo, he acompañado a Don Zacarías a la nave donde tiene apilados los sacos de piensos y enormes cantidades de latas de sardinas que hace ya más de un mes compró y de las cuales hemos ido dando buena cuenta en días muy señalados. Como buen amante de la economía, los sacos vacios y todo lo que sea susceptible de reciclar lo tiene almacenado al fondo de esta nave. Con lo que obtiene de las ventas del material reciclable ya nos ha invitado varias veces a una buena comida en el mesón restaurante “El Taurino”, también es cierto que en la recogida del material reciclable cooperamos todos desinteresadamente, con el fin de que la explotación de cerdos ibéricos no esté contaminada. Hemos recogido veintidós latas vacías de un tamaño de unos veinte centímetros de diámetro y cuarenta y dos sacos de los destinados para el reciclaje, todo ello lo hemos llevado al descampado que frente a la casona solariega hay y hemos esperado hasta que los veinte porqueros psicólogos novatos han bajado como les ordenó Don Zacarías con el fin de realizar su primer trabajo en su nueva y digna profesión.
  Estaban a punto de ser las doce de la noche, cuando aparecieron los novatos con cara de alegría, pues tal y como está el asunto del trabajo hoy en día, no era para menos.
  Don Zacarías les ordenó que escucharan con atención lo que tenía que explicarles, para ello formaron un grupo frente a nosotros dos y lo primero que les preguntó fue: ¿Cuántos de vosotros son expertos en la caza de gamusinos?
  Respondieron dos de ellos, con una sonrisa de oreja a oreja, que ellos ya habían participado en una ocasión en la caza de ellos y que jamás en su vida habían vuelto a saborear una carne tan exquisita como la de gamusinos asados.
  Bien, entonces y como expertos en la materia –dijo Don Zacarías- poneros al lado de José Luis y de mí, pues vosotros no necesitáis ningún tipo de explicación con respecto a cómo cazar a tan escurridizo y pequeño animal.
  Estos dos se pusieron a nuestro lado y por indicación de Don Zacarías les explicaron el proceso de la caza de los escurridizos gamusinos al resto de sus compañeros, haciendo un énfasis especial en la dificultad de su caza y les alertaron que sobre todo lo demás destacaba el sabor tan especial que la carne de estos tiene una vez asados, carne que deberíais agradecer a Don Zacarías de forma especial, pues posiblemente esta sea la única vez que la disfrutéis en toda vuestra vida.
  Esta caza tan especial -prosiguió Don Zacarías- consiste en mantener el saco que ahora os voy a proporcionar permanentemente abierto durante toda la noche, al mismo tiempo hay que realizar otras dos operaciones que son imprescindibles, para que esta caza tan especial, dé el resultado adecuado.
  De nuevo tomó la palabra uno de los novatos experto en este tipo de cacerías y les explicó que como ya les había indicado Don Zacarías, además, tenían que estar golpeando una lata de estas que aquí veo y que supongo que hay las justas, una para cada uno de los veintidós que en la cacería vamos a participar, de forma continuada con un palo, pero veo que a Don Zacarías se le ha olvidado traerlos.
  No hay que preocuparse de los palos –dijo Don Zacarías- pues un poco más adelante hay montones de ellos, provenientes de las podas a las que estamos sometiendo a las encinas y que  pasaremos al lado de ellos, pues se encuentran en la dirección que debemos tomar para realizar la cacería y donde nos proveeremos de ellos.
  Se les ha olvidado tanto a Don Zacarías como a nuestro compañero –dijo el otro novato- que en lo que mantenemos el saco abierto y golpeamos de forma continuada la lata hay que permanecer cantando de forma constante una canción que tiene solamente un estribillo y que os lo canto ahora para que lo aprendáis y que como ya se os ha indicado hay que cantarlo continuamente, el estribillo es el siguiente: “Uno, dos, tres, cuatro, gamusino al saco”, este estribillo lo vais a cantar ahora, lo más alto posible que podáis, tres o cuatro veces seguidas con el fin de que lo llevéis aprendido correctamente y que en lo que dure la cacería lo haréis de la forma más alta que vuestros gaznates os permitan, sin olvidaros que debéis hacerlo de forma continua,  como así haremos los demás y que ya somos expertos en la materia del gamusino. Nos distribuiremos de tal forma que estaremos entre doscientos o doscientos cincuenta metros unos de otros, para poder abarcar la mayor extensión posible. Los que nunca han participado en este tipo de cacería formarán una línea delante de los que ya somos expertos, que permaneceremos sobre unos quinientos metros detrás de los novatos, con el fin de cazar a los más escurridizos, que ya de por sí lo son todos y además os advierto que son de pequeño tamaño y que de noche son prácticamente invisibles.
  Una vez dadas las explicaciones anteriores y cantado el estribillo varias veces, cada uno de los novatos cogió un saco y una lata y los expertos nos llevamos un total de dieciocho sacos y la correspondiente lata, sin más nos dirigimos a la cacería y al pasar por los montones de leña, cada uno cogimos un palo del tamaño adecuado para golpear la lata adecuadamente.
  Al cabo de unos cincuenta minutos de caminar llegamos al  montón de piedras, que en su día el Gran Akila había juntado al despedregar la parte de tierra que Don Zacarías le expropió con el fin de plantar las semillas que el Chamán que la ministra Doña Ana Mato le envió a Don Zacarías en el Suzuki que su marido le había regalado y pasados unos seiscientos metros aproximadamente del montón de piedras, en un teso enorme distribuimos a los novatos a la distancia acordada, en el mismo momento en que cada uno ocupaba su puesto, inmediatamente abría el saco en la forma en que Don Zacarías explicó al primero de ellos en el momento de ocupar el puesto designado y que no era otra que con las patas traseras separadas una de la otra unos veinte centímetros, pisaba la parte interior de este, con el fin de mantener la parte exterior del saco en contacto contra el suelo y con una de las patas delanteras levantaba la otra parte del saco, formando así una especie de triangulo en la abertura del saco, por la cual los gamusinos se irían introduciendo en este y de esta forma quedaban aprisionados en su interior, con la otra pata tocaba fuertemente la lata de sardinas con el palo que en uno de los montones de leña se había procurado y al mismo tiempo cantaba, a viva voz, el estribillo que el compañero experto les había enseñado.
  Una vez que todos estuvieron distribuidos de la forma acordada, los dos porqueros psicólogos, ya expertos en la cacería de gamusinos, Don Zacarías y yo retrocedimos hasta el montón de piedras formado por Akila e inmediatamente comenzamos a meter unos tres kilos de ellas en cada uno de los dieciocho sacos de los que íbamos provistos, no metimos más peso en los sacos por que nos faltaron piedras para ello.
  Una vez que acabamos con el montón de piedras, Don Zacarías quedó satisfecho, pues nos comunicó que se había ahorrado una buena cantidad de euros, pues de esta forma no ha tenido que alquilar una furgoneta de buen tamaño para deshacerse de ellas. Acto seguido nos tumbamos en el suelo con la idea de dormir hasta el amanecer, lo cual no pudimos hacer, pues además de la fuerte voz con la que los novatos en la caza de gamusinos cantaban el estribillo, uno de los tesos que en frente del que los dejamos hay, producía un eco tan impresionante, que por todo “El Encinar” se escuchaba el sonido que las latas al ser golpeadas producían y aún mejor se podía escuchar: Uno, dos, tres, cuatro,  gamusino al saco.
  Una vez que amaneció nos dirigimos al alto cerro donde los dejamos y Don Zacarías les dijo que la cacería había terminado y que regresábamos de nuevo a La Casona, hizo como que se enfadaba con ellos porque una vez revisados los sacos no habían cazado ni uno solo y al llegar donde teníamos los sacos con las piedras, los cuales habíamos cerrado convenientemente con cuerdas plastificadas de las que se emplean para atar las pacas y de las que Don Zacarías va siempre bien provisto cuando sale al campo, les rogó que puesto que no habían cazado ni un solo gamusino, al menos llevasen a sus espaldas los que nosotros habíamos cazado, cargando cada uno de ellos con su correspondiente saco de piedras, al tiempo que Don Zacarías les decía que al menos de esta forma se ganarían el sueldo que no habían conseguido en la cacería.
  Una vez que llegamos a La Casona les ordenó que cada saco que portaban los depositaran junto a diferentes encinas, uno en cada una de ellas, que nos acompañasen a un copioso desayuno, para posteriormente darse una esmerada limpieza y a dormir hasta mañana a primera hora de la mañana, pues falta os hace por la noche de cacería que habéis pasado, pero antes poned las latas de sardinas junto a las nuestras y los palos en los montones de leña.
  En lo que estábamos desayunando comenzaron a llegar algunos de “La banda de los festines” con cara de sueño y preguntaban a Don Zacarías que quienes eran los nuevos expertos en la caza de gamusinos, al mismo tiempo le decían que la próxima cacería que realizase, sería conveniente realizarla en la parte más alejada del encinar, con el fin de que los demás podamos dormir de forma adecuada.
  A lo que Don Zacarías les contestaba que si no se enteran los demás de que hay cacería de gamusinos, es como si no se hubiera realizado, ahí es donde está el “secreto” de la caza del gamusino.
  Al terminar de desayunar y antes de irnos a dormir nosotros dejamos los sacos vacíos de los que éramos portadores y las latas de sardinas, en la nave donde se guardan para su reciclaje.



(1) Los gamusinos son animales imaginarios que en España, Portugal y Cuba se emplean para gastar bromas a los novatos en algunos oficios.

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